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Entrevistas

Horst EckelFuente: Wolfgang ZlodejCampeón del mundo de 1954: Horst Eckel

Nuestros campeones del mundo: Entrevista a Horst Eckel

miércoles 26 de abril de 2006

1954 - 1974 - 1990: Los números mágicos del fútbol alemán. ¿Cómo ven los héroes mundialistas de entonces las posibilidades de sus jóvenes sucesores de hoy en día? Como comienzo de una serie de entrevistas a los campeones del mundo de aquellos años, el conocido reportero deportivo Wolfgang Golz entrevista a Horst Eckel, que en 1954 en Berna se convirtió en el campeón del mundo alemán más joven.

Horst Eckel, delgado como siempre, entra en el vestíbulo del hotel, la ligera curvatura de sus piernas recuerda cual fue su pasión deportiva: el fútbol. Eckel, de 74 años de edad, es un campeón del mundo de 1954. En aquel entonces, tenía 22 años y era el más joven. Mira el reloj: "Puntualidad absoluta" y sonríe. Pues sí, dice, la puntualidad es importante, igual que la disciplina, y se refiere a la autodisciplina. "Deberíamos recuperar ciertas virtudes." Un caballero de la vieja escuela. Ahora está muy solicitado como experto y como testigo presencial de los primeros éxitos futbolísticos alemanes.
 
Golz: Sr. Eckel, ¿por qué Alemania será campeón del mundo en julio?
 
Lamentablemente no sabría decirle. Tendría que poner un signo de interrogación. Tenemos un equipo muy joven. Pero el equipo aún no es un equipo. Falta la experiencia. Esta Copa Mundial llega al menos dos años antes de tiempo. Por eso lo tendrá difícil para ser campeón del mundo.
 
Sin ninguna posibilidad
 
El equipo del 54 tampoco fue a la Copa Mundial en Suiza precisamente como favorito.
 
Nosotros no teníamos ninguna posibilidad, incluso menos que el equipo actual. Pero en el mundo del fútbol todo es posible. Me alegraría si tras el milagro de Berna hubiera un milagro de Berlín.
 
La Copa Mundial en su propio país. ¿Usted en qué lo nota?
 
En los dos últimos años, desde la película "Das Wunder von Bern" (El milagro de Berna), no paro y no logro cumplir todas las citas que me ofrecen. En una semana estoy como mucho dos días en casa. Agradezco esos días tranquilos. Pero luego hay gente que tocan a la puerta que quieren un libro o que traen una camiseta y quieren que yo se la firme. Eso sí que es desagradable.
 
¿Y vuelven a solicitarle autógrafos?
 
Al menos media docena todos los días. A veces me piden cosas que son como para echarse las manos a la cabeza. En ocasiones he llegado a recibir sobres con 50 o 60 fotos. Y no sólo debo firmarlas sino a veces incluso debo ponerle dedicatorias. Un saludo con ocasión del cumpleaños del abuelo y cosas así.
 
Con los pies en el suelo
 
De la victoria de 1954 ¿qué le marcó más?
 
Poseer todos esos valores para llegar hasta arriba del todo. El seleccionador nacional, Sepp Herberger, no nos los exigía, nos los enseñaba viviéndolos día a día. Por eso fue algo automático. Pero bueno, de la puntualidad ya hemos hablado. Después del título cambiaron muchas cosas. Tuvimos acceso a círculos que de otra forma no habríamos conocido. Conocimos a políticos, a otros deportistas. Para mí cambió mucho, pero no me cambió a mí. Cuando aún era un jugador joven del 1. FC Kaiserslautern me propuse: Horst, si algún día consigues algo, nunca olvides de donde procedes. Mantén los pies en el suelo.
 
¿Qué se ha grabado especialmente en su memoria?
 
El momento del pitido final, cuando por fin éramos campeones del mundo. Y el hecho de que teníamos un equipo que estaba muy unido. Yo sigo afirmando aún hoy que sin ese compañerismo no habríamos sido campeones del mundo.
 
Actualmente hay moralistas que exigen un cambio espiritual, por ejemplo una vuelta a los valores familiares. ¿Puede haber una vuelta atrás, al ideal de "Tenéis que ser once amigos"?
 
Espero que los chicos de hoy en día vayan por ese camino. Pero ya es otra generación y hay muchas interrogantes. No se si encontrarán el camino y tampoco si desean encontrarlo. La voluntad de luchar es importante. Y si no se tiene esa voluntad todo el talento no sirve de nada.
 
El dinero no importa
 
Cuando usted fue campeón del mundo, como prima recibió una televisión en blanco y negro y una motocicleta. En esta ocasión, la prima es de 250.000 euros.
 
Para nosotros el dinero no importaba. Nosotros fuimos a Suiza para jugar buenos partidos y no para ganar dinero. Nos alegrábamos por cualquier detalle. Y eso que la televisión y la motocicleta no fueron detalles.
 
En 1954, Alemania perdió su primer encuentro contra Hungría por 3:8, y en la final nos encontramos otra vez con los poderosos húngaros. Según Sepp Herberger, el mejor jugador de éstos no era la superestrella Ferenc Puskas, sino Sandor Hidekuti. Y a continuación le designó a usted, al más joven, como oponente de éste. ¿No se angustió un poco?
 
No, todo lo contrario, fue como un acicate. Estaba orgulloso, pues fue una gran muestra de confianza que se me diera la oportunidad de anular a un jugador de talla mundial. No lo logré siempre. Pero Herberger sabía que tenía nervios de acero y que siempre intentaba dar al menos el 100 por ciento. Precisamente por eso llegué tan lejos en tan poco tiempo en el mundo del fútbol. En cinco años de la tercera división a campeón del mundo.
 
Y hoy en día es usted un monumento viviente. ¿Cómo se siente en ese papel?
 
Pues sí, soy uno de los pocos de los de entonces que aún vive (la redacción: además de Ottmar Walter y Hans Schäfer) y aún estoy en mis plenas facultades físicas y mentales. Adonde voy soy bien recibido y eso es algo que da alegría. Que más de 50 años después aún se piense en nosotros ...
 
Incluso historiadores serios sostienen que la victoria en la Copa Mundial de 1954 fue un catalizador para la recuperación económica de la Alemania de la posguerra, que posteriormente fue calificada de milagro económico.
 
Es posible que la victoria diera algo de impulso. Pero sí que es cierto que la gente lo sintió de la siguiente manera: No sólo los once jugadores de la final o los 22 de todo el equipo eran campeones del mundo. La sensación fue: Somos campeones del mundo. Todos nosotros.
 
En 1974 no hubo un estado de ánimo tan intenso, tampoco en 1990 y tampoco en 2003, cuando nuestras chicas ganaron el campeonato del mundo. ¿Usted qué piensa del juego de las mujeres?
 
Yo apoyé el fútbol femenino desde el principio. Ya cuando en los años 70 se jugaba en la cuidad vecina, yo iba a los partidos. Pero para ser sincero, cuando de aquellas comenzó todo en los pueblos a veces pensé: Dios mío, así no. Pero el juego cambió rápidamente y la calidad mejoró de forma impresionante. La selección nacional juega un fútbol bonito y son campeonas de Europa y del mundo. Sí que merece la pena verlo.
 
Sr. Eckel, seguro que usted se encuentra entre los afortunados que tienen una entrada para el mundial, ¿no?
 
Por supuesto que los antiguos campeones del mundo hemos recibido entradas. Yo recibiré entradas para los cinco encuentros del mundial en Kaiserslautern y también me han invitado para el partido inaugural y para la final. Para los partidos de los alemanes también podría haber recibido entradas. Pero eso sí que ya habría sido demasiado.
 
¿Le gustaría ver a la selección nacional alemana no sólo en el partido inaugural sino también en la final?
 
Eso sería fantástico.
 
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Horst Eckel nació el 8 de febrero de 1932 en Vogelbach, en el Palatinado. Ya con 17 años de edad jugó en el primer equipo del 1. FC Kaiserslautern. Este lateral jugó 214 partidos de Liga y logró 34 goles. Con el Kaiserslautern ganó en dos ocasiones el campeonato alemán (1951 y 1953). Disputó 32 encuentros con la selección nacional, en 1954 fue campeón del mundo y en 1958 cuarto en la Copa Mundial. Su carrera como futbolista concluyó en 1966 en Röchling Völklingen. Aunque su profesión originaria fue la de mecánico, Eckel inició a los 37 años de edad estudios en pedagogía y hasta su jubilación trabajó como profesor de educación secundaria. Actualmente, Horst Eckel es, entre otras, representante de la Fundación Sepp-Herberger: "Es un gran honor para mí"
 
 

Hinchas del Camerún. Debajo, hinchas alemanes con la bandera de su país