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Entrevistas

Ulf MerboldUlf Merbold

Golz … entrevista a Ulf Merbold

miércoles 16 de noviembre de 2005

En esta sección, el popular periodista deportivo alemán, Wolfgang Golz, entrevistará regularmente a destacados futbolistas, entrenadores, aficionados y expertos sobre sus expectativas ante el Campeonato Mundial de Fútbol 2006 en Alemania. En este caso, habla con el ex astronauta Ulf Merbold.

Sr. Merbold, para empezar le haré la pregunta clásica de esta serie de entrevistas que estamos realizando: ¿por qué será Alemania la campeona del mundo 2006?
 
Ulf Merbold: Pienso que en estos momentos no es más que un deseo. Todos, yo incluido, deseamos suerte al equipo y esperamos que ese deseo se cumpla. Que gane el mejor y siempre de forma limpia y con deportividad.
 
Antiguamente los niños querían ser maquinistas; ahora prefieren ser astronautas como usted, o futbolistas. Así son las cosas.
 
No me cambiaría por ningún futbolista. La verdad es que en la ESA cobramos como un científico normal cualquiera. Si tenemos en cuenta el esfuerzo que implica estudiar una carrera y hacer el doctorado, entonces lo que cobramos es una miseria. Pero la riqueza no puede medirse sólo con dinero contante y sonante.
 
La rueda fue uno de los descubrimientos más importantes de la humanidad. La rueda, como la esfera, es redonda, al igual que el balón, sobre el que el mundo gira como no ocurre con ningún otro deporte. El balón también es redondo como la tierra, algo que los astronautas tienen el privilegio de poder observar en persona.
 
Sí, la esfera es un cuerpo geométrico increíble y fascinante. Su curvatura es igual en toda su superficie, no se puede hablar de arriba o abajo. En este sentido, el esférico puede considerarse un instrumento deportivo especial. Un balón con esquinas o con púas sería impensable. El balón es universal. En los grabados más antiguos puede verse que el hombre ha jugado con un balón desde hace miles de años. Pero las esferas en forma de bala de cañón también pueden utilizarse para hacer daño al prójimo. No quiero ni pensar a cuantas personas les ha costado la vida.
 
Con la Copa del Mundo 2006 los organizadores aspiran a entrar en la órbita galáctica, por eso en el cartel oficial del mundial podemos ver un balón de fútbol compuesto de estrellas.
 
Es un cartel muy bonito. Para mí el término “espacio” implica desafío. Y disponemos del equipo técnico necesario para ir allí. Muchos han asociado el espacio con el cielo estrellado, con las estrellas que nos iluminan por la noche, como por ejemplo Kant, cuando escribía: “El cielo estrellado sobre mi cabeza…”  Una dimensión muy poética, que da alas a la imaginación: ¿De dónde venimos, adónde vamos? Pero dudo mucho que a nuestro fútbol, según como se juega en estos momentos, se le pueda denominar galáctico.
 
Una victoria en un partido importante proporciona tanto a los hinchas como a los futbolistas la levedad del ser, la ingravidez de la felicidad. ¿Cómo ha experimentado usted la ingravidez en el espacio?
 
Yo soy un hombre racional. La ingravidez, la condición de la caída libre, es para aquellos que no lo consideran arriesgado. Por eso es un hecho fascinante. Puedes dar un salto mortal cincuenta veces, como si fueras Superman, o puedes volar como una flecha de un lado a otro de la astronave. El suelo y el techo son un concepto vacío de contenido. Se produce dentro de ti un sentimiento de felicidad (pero no como cuando estás enamorado, es diferente) y este sentimiento es todavía más intenso cuando ves cómo va cambiando la perspectiva de la tierra. Al dar la vuelta a la tierra en 90 minutos se percibe cómo se va haciendo más pequeña. Se nota lo limitada que es la astronave en comparación con la tierra, y se ve qué bonito y qué vulnerable es nuestro planeta. Al principio uno debe adentrarse en el espacio con todos los sentidos.
 
¿Puede describirnos una experiencia en un campo de fútbol que le haya dejado huella?
 
Fue durante el último viaje que hice después de once años en el espacio, y se celebraba el Día de la Unidad Alemana. La casualidad quiso que durante el día pasáramos por encima de Londres. Más tarde podíamos ver las luces de París y la cuenca del Ruhr, y después llegamos a la ciudad de todas las ciudades, Roma. Desde la MIR podía verse una zona muy iluminada dentro de la propia ciudad, que ya de por sí tiene mucho alumbrado. Al principio pensé, ¿Dios ha iluminado al Papa?¿O Dios está resplandeciendo con energía cósmica en la basílica de San Pedro?
 
¿Y...?
 
Cogí mi telescopio y, a 400 km de altura, pude ver que se trataba del Estadio Olímpico de Roma, que no está muy lejos del Vaticano, donde se estaba jugando un partido de fútbol.
 
¿Y podía ver también quién tenía el balón, si el Lazio o el AS Roma?
 
No, me temo que no llegué a ver el balón.
 
Alemania espera recibir un buen empujón desde el punto de vista psicológico en la Copa del Mundo de Fútbol. Tampoco le vendría mal al programa espacial alemán, ¿no?
 
Estaría bien que en nuestro país hubiera unanimidad a la hora de que Alemania pueda pertenecer al grupo de los mejores dentro del ámbito de la ciencia y de la cultura. Es evidente que un país tiene que ganar dinero para poder luego impulsar el desarrollo, y esto sirve también para el programa espacial. Si los futbolistas alemanes tienen éxito y ganan el mundial, será estupendo. Por cierto, mi madre, que tiene 94 años, es la más forofa del fútbol en nuestra familia. Se sabe de memoria cómo Gerd Müller metió el gol que fue tan decisivo en la final de 1974.
 
Los astronautas deben estar muy preparados, ¿tienen que estar tan en forma como los futbolistas?
 
Sí, bueno, pero no sólo en el aspecto físico. Si quieres ir al espacio, no puedes tener ningún fallo. Es importante estar en forma, sí, pero no como los futbolistas. Es necesario saber trabajar en equipo; tener aptitudes psicológicas; no ser dominante; e igualmente es necesario tener una formación científica. Es imprescindible disfrutar de una buena salud, pero no de una capacidad pulmonar como la del ciclista Jan Ullrich. No obstante, un infarto de corazón no se puede contrarrestar con un coeficiente intelectual de 160, ni la falta de inteligencia con estar físicamente en forma.
 
Un futbolista es feliz metiendo un gol en un partido importante y viendo que 80.000 personas disfrutan de su proeza. Cuando los astronautas están felices de su hazaña están completamente solos. ¿Siente envidia de los futbolistas?
 
No, en absoluto. Un viaje espacial te recompensa cuando gracias a la ingravidez puedes dar la vuelta a ese globo tan maravilloso que es la tierra, mientras las estrellas brillan en la noche en un cielo intensamente negro. Además, a eso hay que añadir la experiencia intelectual, cuando el astronauta se pone delante del científico y le entrega toda la información que ha recopilado, es entonces, en ese momento, cuando el astronauta ha cumplido su misión. Pero como soy un perfeccionista, también quiero formar parte del análisis, quiero experimentar cómo gracias a los nuevos conocimientos se va ampliando el horizonte. En ese momento no hay 100.000 personas ahí presentes, gritando, y no por eso, desde mi punto de vista, es menos emocionante.
 
Usted ha sido el primer astronauta alemán en ser considerado un héroe. ¿Disfruta con ello?
 
Sí, puede decirse que sí, que me gusta, aunque no necesito celebrarlo. Lo más importante es la huella que todos hemos dejado en este viaje científico. También me satisface que se reconozca esto. El primer viaje que hice me costó cinco años de mi vida y no estaba exento de riesgos. Pero después llegó el tiempo de la satisfacción por el trabajo bien hecho. Fui elegido Hombre del Año, pero puedo prescindir de las cámaras de televisión. Sin embargo en la ESA me dijeron que eso era algo bueno para mí y para todos. Lo considero mi deber, como embajador de las misiones espaciales que soy, he de rendir cuentas y poner a disposición del ciudadano el fruto que han dado sus impuestos.
 
Como corresponde al respeto que se merece por su hazaña, el entonces ministro, Hans-Dietrich Genscher, le hizo entrega de la “Patata de oro” debido a que no se le ha descontado la gran cantidad de kilómetros que ha hecho en viajes de misión oficial. Habrá sido una cantidad considerable.
 
Así es. Sólo en mi primera misión hice siete millones de kilómetros. En total he hecho alrededor de 35 millones de kilómetros.
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Ulf Merbold,
de 64 años, casado y con dos hijos, ha sido el primer astronauta alemán de la historia, aunque en realidad el primer alemán en salir al espacio exterior fue Siegmund Jaehn, de la antigua República Democrática Alemana. Jaehn viajó por el espacio con los rusos y por eso se le conoce mejor como cosmonauta. Merbold estudió Físicas en Stuttgart y antes de convertirse en astronauta trabajó durante diez años en el Instituo Max Planck, en la investigación de los metales. En total ha salido tres veces al espacio. Lleva un año jubilado pero sigue trabajando como consejero para la Agencia Espacial Europea. Como futbolista, lo que más recuerda es la vez que se rompió una costilla. Aparte de eso, considera "que no estoy dotado para el deporte de equipo. Soy demasiado puntilloso". Por eso en su tiempo libre prefiere volar, como piloto de planeador.
 
 

Hinchas del Camerún. Debajo, hinchas alemanes con la bandera de su país